XLVII. Otro día en que te la agito para mal

Por qué tiene que haber un río entre medio
Por qué tiene que haber ruido de alarmas
Por qué tengo que ser tan pajero sin que me suene ninguna
Por qué no empiezan antes de que me mande alguna

Por qué me hice tan amigo de tus mimos
Por qué dos días sin ellos son mortíferos
Por qué me hago el duro sin motivos
Por qué si sé que blando te encandilo

De qué me sirve enterarme tarde
Si no es mi delay es por boca tuya
Que qué me pasa que cómo siento
Que si tiene sentido o estoy dormido

No sé que es todo ésto que construimos
Como un hogar portátil que aparece al tocarte
Esté yo traspi sucio o desodorante

Por qué te cago el pecho así inoportuno
Por qué no sobo el lomo y me quedo piola
Por qué sobre todas las cosas por qué
No me sale desligarme de todo el circo careta

Circo vueltero circo floriturero
Enjambroso, embustero
Chanta y estructural

Que me dice tené motivos
Para sentir
Decidir
Decir
Por qué

XLVI. Estación

I don't have much to say.

That's at least what I've been showing these last months. I'm not comfortable with that.
I happened to encounter this charachter by coincidence at my workplace. He was just there for a few days, but I got to talk to him. He was a plastic artist. I told him that I've always been interested in art in general, including plastic. He asked me if I had this need for creating visual items. I said that I didn't, but that I felt the necesity for writing. These meetings are not casual at all, if you ask me. Or at least I didn't want this to be one.

I've been drinking a lot lately. Not huge amounts, but repeatedly. On my own, with friends, with not-so-friends. When inspiration comes, it is better to be sober. If not, attention goes everywhere and when I find somewhere to start writing or typing is too late. Usually I get inspired at night. Also usually I get drunk at night.


No termino de decidir si el hecho de que las últimas dos personas que supieron establecer un vínculo amoroso o pseudoamoroso conmigo hayan perdido a sus padres en el transcurso es anecdótico o decididamente trágico. Abracé y sequé las lágrimas de ambas, lágrimas derramadas con la muerte del hombre que embarazó a sus respectivas madres. Ambos con muerte anunciada, probablemente diálisis y centenas de medicamentos.

La muerte se dió al final con la primera y al principio con la última. Sigo considerando que de la útima soy una de las pocas personas que tiene en la ciudad, y así lo pensé a la hora de ofrecer mi compañía ante la noticia tras sólo una cita previa. Cita exitosa si consideramos como tal aquella en la que ambos se besan y lo hacen hasta recostados en una cama.

Lo tragicómico es que éste segundo encuentro además de suplir un velorio al que no asistió por encontrarse a cinco horas y demasiado reservada para mostrarse ante mucha gente débil, significó un primer encuentro sexual. Morbo aparte, hay quienes dicen que cuando uno se encuentra próximo al hecho mortal busca alejarse del mismo con una simulación del opuesto a la muerte: la concepción. O, si oponemos muerte a amor; el cariño.

Estimo yo que del cariño todavía nos encontrábamos lejos. No sólo se encontró en proceso de alejarse de su padre definitivamente esa semana sino que también tomó una decisión casi igual de ultimatúmica con el ex novio a quien aún veía. Si bien unos días antes, dos hombres se iban de su vida casi en simultáneo. Al tanto de ello, y entendiendo tanto las citas como la tensión sexual previa como un juego, me sorprendió que en un tercer o cuarto encuentro se plantee la exclusividad de nuestros cuerpos. Para serte sincero, lector, no veía entonces -y no ví hasta hace relativamente poco- mayor futuro en nuestra relación. Lo entendía como un juego y lo jugué como juego todos los juegos: haciendo trampa.

Si la única regla era la de exclusividad, la única regla que me descubrí rompiendo fue esa. Un poco por el envión que traía de coquetear con muchas, otro poco por morbo. Los engaños no fueron sólo de acceso carnal. Oculté reuniones que mantuve con personas que supieron tener un peso amoroso importante en mi vida. Oculté besos. Ocultar significó elidir revelar. Obviar.
El tiempo transcurría y mi actitud no variaba. El aspecto que no interfirió en mis asuntos fue el sentimental. Jamás permití que mis andanzas tuvieran carga emocional. Eran travesuras que quemé en carnaval. En medida que mi amor por la muchacha crecía también comenzó a crecer la culpa. Una en julio, otra en agosto. Otra en septiembre, la de julio en octubre. Ninguna en noviembre, otra en diciembre.

Con el año nuevo llegan esas autodeterminaciones tan idea del establishment como la cuestión anual. Pero ahí estaba yo, deseando despegarme de las trampas. Algo se despertó en mí, tal vez ver ese futuro, proyectarme sinceramente con ella. Luchando con el mencionado envión y la pulsión inexorable del coqueteo logré desprenderme de la suciedad que aportaba al vínculo.
Cabe mencionar que hubieron interines en los que ella supo oler con extrema precisión mis palabras calladas y así determinar que nada más quería saber conmigo. Ante la falta de pruebas y mi dialéctica (discurso que actuaba como levadura en mi remordimiento), ningún interín tuvo duración mayor a dos semanas. En esas dos semanas, de todos modos, actuaba más libremente que lo que acostumbraba.

Una vez libre de mis costumbres insalubres, mi amor pudo crecer sin torniquetes. Bajando la guardia comenzaron a flaquear mis frentes y toda la basura acumulada pasó a revelarse paulatinamente. Pisaba el palito. Tejía mis propias trampas. Lo hecho hecho estaba, y para qué revelar todo eso si no haría más que herirla.

En las relaciones humanas la honestidad es nucléica. Sin ella sólo hay sospechas, recelos y rencores. Las heridas estaban abiertas y dejé de aplicar sedantes. La sometí a tanto dolor que hoy me mira con angustia en los ojos. Un cielo transparente que brilla detrás del sol serena y furiosamente.

Merezco que no me dirija esa mirada. Pero en definitiva de la basura que hubo sólo mostré una alícuota. La parte más egoísta de mí sueña con ella. La más empática se alegra de que se haya alejado. La más honesta sabe que sólo descansará cuando ella todo lo sepa. Y una parte en extremo risueña cree que conociendo la verdad y viendo la evolución podría llegar a aceptar el todo de mi ser.

Un ser que ama, que es amigo de personas con las que supo ser más que amigos, que cíclicamente es viento en popa y tormenta centrífuga. Un ser que no sabe dónde está parado ni por qué pero tiene claro que es injusto.

XLV. Espacio/Tiempo

Me vi salir de su mano. Noté lo distinto que estaba vestido. Lo corto que tenía el cabello. Me escondí de modo que no me vieran. Me acerqué a la reja. No tenía llave. Opté por saltarla. Troté el resto hacia la puerta de la casa. Abrí. Con los ojos desorbitados, me preguntó qué hacía. Dije que se olvidaba los puchos. Llegué a mi habitación. Cerré la ventana. Escribí una nota: "be nice". Firmé con mi seudónimo anagrámico que sólo yo conocía. Agarré un bollo de papel que había en el escritorio. Salí trotando. Salté la reja. Me dejé llevar por la curiosidad. Alcancé a ver cómo ella subía al colectivo y yo volvía sobre mis pasos. Tenía unas semanas para esconderme. Para observar.

El bollo de papel rezaba:

Te delata la voz cuando tiembla
La mano cuando titubea
Los no
Todos los no
I know I keep you amused
But I feel I'm being used
You know I wanna stay
But you keep on moving me away

Me delato con canciones
Con discursos y acciones
Agradezco tus lecciones
Apertura en oraciones
Siento que puedo ayudar
Pero mordés la mano que te abraza
En repetidas ocasiones
Voy a entender, sí
Que no me querés más cerca, no

Los no
Son esos
No sólo los dichos
Mejor dicho los hechos

Llegué al momento en que había vuelto en el tiempo. Era hora de que usase el aparato. La modificación era bochornosa. No estaba siquiera en la misma ciudad. Tardé muy poco en darme cuenta que no iba a ser yo el que disfrutase del cambio. Mi realidad era truncada. Puedo ahora matarme o vivir con la vida usurpada por ese otro yo que tanto mejor que lo que yo había sido era. No sin mi o su ayuda. Matarme a mí o matarme a él.

XLIV. Botella

Por momentos siento su aroma. En un recoveco de la almohada, en un hombro de la camisa. Lugares donde su cuello tuvo contacto. Huelo su esencia y rozo el desmayo. Me flaquean las piernas parado; se me nubla la vista acostado. Es un placer enorme, incontenible, que detiene mi respirar para explotar en un suspiro. Y entonces quiero poder sacarla de un bolsillo, abrirla y beberla.

Llego hoy cerca de las dos impregnado de tu olor pero aun mas permeado por lo cobrizo río turbio pardo de tus ojos a quienes ya no se si entiendo o meramente permito que me expliquen lo que deseen decir. Achinada por el llanto cuya firma me es ajena me sonreís y no se si lo hacés por mí o por mí para vos, hace rato que ya no sé a ciencia cierta para qué o quién pasan las cosas que indefectiblemente siguen pasándonos. Descreído en otro momento podría haber despreciado la coincidencia de haber estado viendo la misma película, escuchando el mismo disco, jugando con la misma cámara, leyendo la misma página. Pero hoy todo me es argumento, teoría que respalda mi obtuso obrar sentimental, emocional, irracional. Esa comodidad incómoda, ese tu amor por mí es único pero no es tu único amor, agravado con preguntas que no haría de vivir ese momento nuevamente, sumada a las tantas otras potenciales realidades. Voy a agitarme al agotarme al pasar de la atracción a la aversión si bien reacomodarme va a ser ínfimo al lado de amoldarme al rechazo viniendo del otro lado. Pero mientras tanto juguemos. Quién me dice que no pateamos el tablero de nuevo una vez más.

XLIII. Yacen

Lansiedad noscarcome
senoscierral pecho
yfáltano selaire

Elyanto decidido
tocámonos laspalda
delotro condosmanos

Asiento trasero
diunautoin distinto
depuertas trabadas

Muchæsla tensión
mentónen clavícula
jalamos losmocos

Abrimos lasbocas
derechas selevan
pinzadas laspíldoras

Cabenen tremuelas
mildudas destrobo
ytodo nostiembla

Silencio sœntorno
decartas selectas
destinos pensados

Yacenen guantera
deótrau næncima
cualatras laspiernas

Saludos menciones
sufrimos nosvemos
nosvamos taluego

Secierran iaprietan
cualbrazos questrujan
iunúltimoins piro

XLII. Dos canciones

1
Let me tell you about the time I met
a girl that had no name

I didn't notice she was sitting there
the chair diagonally

She did look at me but I didn't see
so focused on the exam

And as we both passed I ended up
just learning who she was

As months passed by
I started to like
her coloured hair
and her whiteful smile

Her name was Lola
don't give that any importance
the thing's te following:
she likes me and I love it



2
Conocí una alta pibita
nuna fiesta clandestina

Tenía sus curvas finas
y un discurso que encandila

Después de bailar contentos
reggaetón y ritmo electro

Le dije al DJ: "amigo,
poné algo con un güiro"

Y es entonces que me miró
Me dijo "tropical no"

El disc jockey me sonrió
vino abajo y me explicó

"Tiene problemas de encuentro
con verdadero sentimiento

un ritmo que la convierta
baile sola, baile suelta..."

Ella no sabe
que le gusta la cumbia
Ella no sabe
que le gusta la cumbia

XLI. Sin título

Se acercaba abatido a la tenue luz incandescente de la entrada a su casa. En las afueras de la ciudad cuya noche despejada enceguecida por la luna nueva, exceptuando ese farol, la oscuridad era impenetrable. Así también de oscura estaba su alma.
El pecho cerrado, la respiración corta y los constantes jadeos, suspiros. Era peor que un llanto. Era el miedo al suicidio pero la consciencia de la falta de hagallas. Era el mirar al piso, el cerrar los ojos. Una caminata inexplicablemente larga al picaporte. Su espalda, relajada, se alejaba del pórtico escalón a escalón. Jeans azules. Remera gris. Zapatillas negras. Angustia..
Dos puntos destellaron en la absoluta negrura. El gato dueño de los ojos se escabullía de entre la basura espantado por el tintineo repentino de las llaves.
Una vez más ingresaba sin meta. Sin haber sabido morir en la corta ausencia.

No te querés hacer cargo de esto. Mátenlo. Mátenlo sin preámbulos. Sin mediar palabra. Estén donde estén, disparen. Sean camiones en contramano en una ruta contra él. ¿No ven que maneja a toda velocidad sin cinturón? ¿No ven que llora? Sean buses clavando frenos sin luz en la neblina. Mátenlo. Que para él es mucha responsabilidad y tiempo de decisión. Háganlo por él. Calibre que sea, hoja metálica o martillo percutor. Acaben con él tan rápido como puedan. Que no lo note, que no pueda huir. Estarán haciéndole un favor. No quiere hacerse cargo de eso. 

XL. Giving away

Todo y más
los golpes en mi fuero izquierdo
incluso aquello que infla mi aliento
la ignición que no tengo

Todo y zas
los saltos en el aire
arrojo aunque me falte
también el ver, llorar, la sangre si así aumento

Todo y paz
mi origen, mi destino
espacio y tiempo aún fino
la lengua, el habla, andar y arrastrar

Lourdes qué me importa
qué requiera
media hora
te doy todo
"Hasta el día que me quede por vivir". - Rodríguez/Domínguez

XXXVIII. Sin título

Aún sin ver nada y con esa presión en la nuca sentí el frío del otoño. Ya llevaba, estimo, una hora vendada y atada. Me tomaron por debajo de los hombros y mi cara se despegó del asiento del vehículo, dejando mocos y lágrimas del berrinche que duró los primeros cuarenta y cinco minutos. Resignada a lo peor fui alzada y arrastrando los pies hasta lo que suponía y luego confirmé era el medio de un campo arado. Me elevaron aún más y dejaron caer en una superficie dura. Mis muñecas dolían al igual que mis tobillos, pero permanecí en posición fetal. Estaba por pasar. Me iban a violar y no podía hacer más que retorcerme. Agradecía que aún no me hayan golpeado, fue insensato de mi parte resistirme tanto. A una le dicen que la mejor estrategia es entregarse inerte al victimario rogando en silencio que la tortura se termine rápido. Dos voces intercambiaron palabras y una tercera intervino. Había tres personas y para mi sorpresa una de ellas era mujer. No distinguí qué dijeron, o bien el estado catatónico me prohíbe recordar. Todo olía a pasto seco y tierra.
Aspiré los mocos que todavía me molestaban al mismo tiempo que escuché un sonido extrañísimo y aterrador. Una no se detiene en el día a día a pensar cómo suena un soplete. Pero no me costó nada reconocer el abrumador ruido de la llama ardiendo en gas. Era ensordecedor. La clase de monstruos inhumanos con la que me había topado era mucho más terrorífica de lo suponible. Será porque nunca fui una mina fatalista, pero me nacía creer desde que me habían tapado la boca y subido a la traffic que nada iba a ser tan horrendo. Y sin embargo ahí estaba, en un tablón en medio de un campo, de noche, cerquísima de una llamarada que me revolvía aún más el estómago. Empecé a temblar por nervios y frío cuando para mi sorpresa una frazada cubrió mi desabrigado cuerpo. No pude reprimir un “no, por favor no” cuando sentí que me tocaban, pero el temblequeo se redujo al entrar en calor. Y no era sólo por la frazada, no: el sonido del soplete iba acompañado de un golpe caluroso desconcertante.
Vomité cuando una mano rozó mi cabello. No podía mentirme más. Estaba por morir o bien estaba a punto de pasar por algo que no me permitiría luego vivir. A la primer mano la acompañó otra y juntas desataron la venda que cubría mis ojos. El sonido del fuego seguía incesante en distintos niveles de potencia. Al abrir mis ojos noté para mi sorpresa que había ya luz de amanecer. Y que ésta se colaba por entre las hendijas del mimbre. Estaba en un canasto gigante. Giré para ver a mi liberador y tomé tanta aire por la sorpresa que me hice daño en la garganta. Era demasiada información junta, pero en pánico suelo pensar rápido. Repuse dos cosas al instante: conocía a esa persona. Y esa persona estaba maniobrando un globo aerostático.

XXXVII. Zumbido y Julio

Pleno Julio, habrán estado haciendo cinco grados afuera pero en el viejo Dodge de Perro entre el humo de la narguila y la calefacción estábamos en camisa o mangas cortas. Me tocaba manejar a mí, con la suma de la costumbre de no frenar en una puta esquina y los dos o tres pases de alita que llevaba puestos.
Ciento treinta en la avenida principal, onda verde. Salíamos de tocar en un bar de mala muerte con un público de mucho power y ahora nos íbamos a gederla a la plaza que estaba convenientemente frente al departamento del yankee. Vine por la merca y me quedé por las putas, decía el yankee. Era un enfermo pero tenía un metrónomo en el bocho. Tampoco era que fuéramos puristas del tempo, pero cuando a Gabi se le despertaba el académico era mejor estar preparados. Hagamos tecno, punk u ópera hay que hacerlo bien, decía Gabi. Yo coincidía pero me centraba en el show. Me daba igual grabar o no, si bien te acepto que me gustaba que nos arrancaran los EPs después de escucharnos por primera vez a cincuenta pesos cada uno.
No tenía idea de quiénes eran las dos minitas que había atrás de mi bajo y la viola de Gabi, pero la que estaba a mi lado creo que se llamaba Guadalupe o Pilar y de vez en cuando se colaba en los ensayos. Guada o Pili me preguntó que qué era el zumbido y yo le dije que el parlante; había un hard rock sonando fuerte en el estéreo que Perro había hecho arreglar, no así como las luces delanteras. No, ese no, hay otro. Los árboles me tapaban los semáforos y si bien yo veía el resplandor rojo sabía que no había un alma a esa hora. ¿El motor? Le pregunté. No, es un zumbido agudo. Plaf, me como un bache por mirarle la boca pinturrajeada de oscuro mucho muy sexy al decir "agudo". Noto que se me desvía el auto y a dos metros del poste naranja ese con leds en la pantalla logro frenar. Un instante de silencio y luego risas. Debe haber sido la rueda, le digo a Guada o Pili. no, lo sigo escuchando. Me bajo a ver cómo venía la mano con la rueda y me acuerdo que sacamos el auxilio del baúl para meter el bombo. 
Cagamos, digo, y empiezo a caminar para quién sabe dónde. La chica del labial violáceo sale por la ventanilla muy ágil y dice mi nombre. Al darme vuelta se ríe y dice el suyo, que si mal no oí resultó ser Luján. Por ahí andaba.¡Luján! repito, imitando el tono con el que dijo el mío. Si me mato en el Dodge entiérrenme con él, decía Perro. 
Ahora Luján decía que Luján no, que Lourdes, sordo. Y que a dónde iba. Respondo que no sé, que en el auto estaban todos ocupados (Gabi se había pasado al asiento delantero ccon una de esas dos pibas mientras Perro y el yankee besuqueaban a la otra) y que quería caminar. Ahí escuché, al callarme, el zumbido del que me hablaba Lourdes. Chicharras en plena madrugada de Julio con cinco grados. Cinco grados, dije en voz alta mientras me desarremangaba la camisa y dejaba que Guada, Pili, Luján o Lola me abrazara.

XXXVI. Canción sin música

S'il vous plait n'offense pas
l'autre jour j'ai douté
si le prix que je paie
par ces beaux moments avec toi
ce vraiment combien de douleur que je dois paye

Aprés je me souviens
de ta rire et de ta marche
de ta silencieuse regarde
qui me lit à partir du fond
et de tout ces idées que tu mettre en moi

Alors ma cherie ne doute plus
tu m'adores et moi aussi,
<son prenom>!

Ensuite suviens sur ça
sais pas comment répondre
le dilemme qui m'afflige
jour et nuit, incessante!
Qui dit "ce que le baiser vais je faire avec toi"

Je peux pas t'attraper.
Ne voulez pas lâcher!
J'espère juste au moment
oú le destin nous dit tout ça:
"c'est exactement ce qui se passera".

XXXV. Oriente usurpador

Ahí estás, obnubilado, la jeta a medio abrir, a medio scrum, los ojos achinados que cerrados desaparecen. Los fácil treinta grados de la una de la mañana; aún así tapado, vestido y dormido. Estás agotado, física y mentalmente; venís de días de extremo ejercicio obligado, forzado, necesario. Te ondula la cortina sobre la frente, te suenan lejanas las teclas. Desconocés el chirrido de seis grillos, el zumbido soporoso del ventilador, algún que otro motor lejano. Adentro, más adentro que esos cerámicos adozados al piso, más adentro que la caja de ladrillos en la que estás, adentroer que el revestimiento, que la pintura, que la madera, que los hilos... Adentro estás lejos. Apagado o trippeando, sumergido en una realidad profunda e insensata, hablada en tres idiomas de los cuales dos no entendés.
Escenas en vaivén, con fondos incoherentes, traslados increíbles y pasajes inverosímiles. Se te inunda el cráneo, te rebalsan los huecos que tiene. Agua violácea con sábalos, se irgue y florece en los jacarandás, ciruelos y seibos. Nadadores eléctricos son frutos húmedos y nublados. Ahora ves tres velas que forman triángulos, crecen hasta devorar tus diccionarios con sus llamas geométricas, équices, corazoidales. Miau! Guau! Risas diabólicas de rostros desconocidos que aún no lográs relacionar con nombres. Bang! Una alarma, más voces, aturdido.
Un templo. Te olvidaste de todo y te despertaste con la imagen de un templo. Buenos días.

XXXIII. Zumbido y Felipe

Cómo me iba a importar la mosca. Que se posara en mi hombro, en mi pie, en mi nariz, en mi mano. Qué tan inconsciente podías ser de su insignificancia. Que se pose en mi desnuda pantorrilla. Creo que después de avisarme de la mosca te fuiste. Creo que llevaba sin parpadear minutos. Rompí en llanto. Silencioso y escueto pero intenso. 
Ahora sí me molestaba la mosca. Tanto como para querer matarla con un sillazo estando posada en el florero. Con un cacerolazo estando ella en el olivo bonsai. Siempre vaticinaste el desamor. Quería ser yo supongo quien lo sintiera primero. Pero al no tenerte me era imposible dejar de intentarte. Los dos cafés que puse a hacer tenían gusto domingo a la siesta. Mi nena de Charly resonaba burlona en mi cabeza. Volví a perder la mirada. El sol bajó y los naranjas se volvieron azules. Las luces de la calle se encendieron y Felipe despertó de su siesta. Por lo menos estaba Feli ahí, ronroneándome, muy consciente de que yo necesitaba más un abrazo que otra cosa. Me dormí para despertarme tres horas más tarde en el mismo sillón, gracias al hambre del gato. Por suerte se servía solo, pero no sin hacer ruido. Muy incómodo en la soledad de un miércoles a las once y treinta y cinco, boca seca y lagañas. Una ducha y a la cama. Felipe miraba a Santa Fe por la ventana... ¿pensará también en lo jodido que es el capitalismo?
"Vas a tener que reordenarte, chabón" me dije. Qué distintos éramos. Sabía yo que me deparaban meses de andar descreído, insaciable, con esos requisitos ampliados a tus despeinadas cejas, sabía que vos también no soltabas sin antes agarrarte, por lo que debías haber cenado con un nuevo desafortunado.
"La prefiero así", le hablé al animal. Instantáneamente torció una oreja hacia mi cama. La mirada fija en dirección a La Setúbal. "me queda el gustito a amor y no sufro ninguna de sus venganzas" seguí "porque sé que habría venganza si la desamaba antes". Felipe giró su cabeza y la volvió a la ventana.

XXXII. Sustalos exasperantes

Torció la boca y arqueó una ceja, como diciendo “perdón, Olaf”. Acompañó la expresión con un hombro, reforzando el “no sé, es así”. Sus labios llenos de carne me atraían inevitables, polos opuestos. Sucumbiendo ante lo inexorable me le acerco, tiendo a besarla. Polos idénticos, rechazándose. “Ayudame a decidirme”, “pero no me hace bien”.
Giramos ruedas hasta su comedor, abandonando el correr del río y abandonándonos ante una pantalla. “Por el bien de todos excepto el mío” reparé automático. Tocó mi hombro, pícara e inocente, inescrutable. Una vez más me abalanzo a su boca y esta vez la tensión hizo chispas. Tomándola por los holos rescrijé su volot en la mesa, arrancándole la frata para descubrir sus problas. Ella mordió su labio inferior con las paletas y aún transpirados por girar ruedas nos volvimos a besar, ella intrépida desabrochaba los jirtos de mi cranca, no sin que buliere yo su nerjo, destapando vapor y estremecimiento regodeante. Llegué a la reeca y su temblar crujió en la madera, ya ella con una nerta en mi cejív. La empaqué con mis arnos, frenéticos, sin mediar palabras sino aires famélicos. Con sus nortras quitó mi treúse dejándonos casi en contacto; obviando los quiblos. Terca, la quirta no cedió hasta que con mis molbios la desanudé y finalmente tras malbir probla y probla lanzó el “tinideteá!” que me habilitaba.
Ay, de sacudones, ay. El pronóstico difería en rabala al menos para nosotros dos, boliantes, nos entreverábamos y deshidratábamos. “Larut, larut”. Uno, dos y tres. ¡Bang! En el piso, hidroteantes. “¿Ducha?” “Sí”.
“¿Y ahora?” “No tengo idea, no tenía esto en mente”.

XXX. Supuestos rituales

Sólo persiste registro de tres abrazos. A cada uno le corresponden coordenadas bastante precisas. Se puede hablar de una sucesión temporal dado que los individuos involucrados han sido siempre los mismos.
En la primera ocasión (-31°38'21.1095", -060°40'27.8427") ambos tenían la cabeza gacha y actuaban, respectivamente, una jocosa ofensa y perdón. Ella vestía un mono corto negro hasta la mitad de los muslos y una usual sonrisa de satisfacción. De él nada se retiene en los registros. El abrazo en sí fue algo incómodo por lo primo, el contacto apenas duró unos segundos.
Para la segunda vez (-31°38'08.2109", -060°42'13.2560") las emociones no eran fingidas. Ella vestía ira y él calma, calma que enhorabuena supo contagiar. Según los datos que hoy se conservan la efusividad fue tal que él simultáneamente la abrazó, alzó y trasladó seis pies al caminar. Su vestido tenía un blanco predominante con un estampe negro que hacía referencia al arte pop. Del lucir de él nada se mantuvo en la documentación.
La tercera oportunidad (-31°39'46.0933", -060°46'12.7622") es la última verificable, y la única bajo techo de la que se tiene información. Una vez más con un vestido, en este caso floreado, ella estuvo tan dispuesta como él a efectuar el acto de abrazar. Sin mayores motivos no fingidos ni reales, se abrazaron por largos segundos. Cuesta para este historiador discernir si la significación fue mayor o menor a la del resto. En todo caso los registros son selectivos.

Nota: limitada es la información respecto a los verídicos abrazos que han tenido lugar dentro de la especie humana, aunque la mayoría de los estudiosos coinciden en que no era un ritual exclusivo de los dos citados individuos.

Glosario:

A
Abrazo: rito mediante el cual un ser humano se envolvía con otro enlazando de una a cuatro extremidades en torno al cuerpo ajeno involucrado como muestra de afecto y con el fin de crear contacto entre las cajas torácicas de modo que los latidos sanguíneos se sincronicen.

XXIX. Hoy encendí un fósforo

Medio fósforo. Tengo una cajita de fósforos al lado de la computadora. Había partido el fósforo para usar el rabo de púa. No se tocar la guitarra pero lo hago igual. Qué rico el olor a humo cuando es medido. Qué linda la luz cuando es apreciable. Se vuelve casi líquida flotando y enchastrando su alrededor, todo lo que puede enchastrar. Tras encenderlo lo sostuve. Medio fósforo entre mi pulgar y mi índice derechos. Se consumió la cera o lo que sea que fuera y apenas tocó la maderita que le sigue a ese remate rojo. Se apagó, sin casi calentar apenas mis yemas. Son las yemas que no tengo callosas, las que rasguean. Porque las que aprietan los trastes están duras y sucias. Lo habré mirado durante un par de segundos nomás, a diez centímetros. Toda esa esfera que hace de recorrido la llama, incendiando el material incendiario. Probablemente haya sido la misma mano la que lo sostuvo y la que lo hizo rozar la lija que ladea la cajita de fósforos. Esos detalles se nos escapan, se vuelven nebulosos y dudosos. ¿Usé la mano derecha? Es lo más probable. ¿Estoy seguro? No. ¿Qué dije y qué no dije anoche? ¿Bailé? ¿Besé? Es lo más probable. ¿Estoy seguro? No. ¿Ya me pasé jabón por esta pierna? ¿Ya usé el shampoo? ¿En qué página quedé? ¿125 o 126? ¿Ya leí este párrafo? ¿Le hablo? ¿La invito al teatro? ¿Puse ya desodorante en mi otra axila? ¿Por qué el fósforo no siguió quemándose? ¿Con cuántas vueltas arremangué este brazo de la camisa?
No todos los humos huelen bien. El de fósforo sí. Pero si quemás pelo te la regalo. Si, sigue siendo humo y por lo tanto un poco lindo es. Pero hay humos más lindos y humos menos lindos. Primero un par de chispas, luego una luz blanca que se amarillenta progresivamente. Después, si sigue quemando, anaranjada. Hasta que tiñe toda la madera color té con leche y la cera roja en un mismo marrón oscuro, negro, con canas. Las cenizas son como canosas, están como cubiertas de blanco. Cuales canas. Y es que son viejas una vez apagadas. Fragata escrito en blanco sobre el dibujo de una cinta roja que flota quieta sobre un navío de tres mástiles, muchas velas, veintiúna. El barco, muy de perfil, navega sobre tres líneas onduladas negras como todo el casco, contrastante con las blancas velas. Se pueden encender velas con los fósforos. Y quemar de a poco las velas de los barcos anclados en mares helados. Fragata. Escrito en blanco sobre una cinta roja que flota en un fondo amarillo, con marco rojo sobre cartón pintado de blanco, cartón marrón claro, como todo cartón ideal. 40 fósforos de madera, dice en el fondo del agua esa que no sé si es mar, río, océano, laguna, lago o qué. A la izquierda y derecha del cuadro que reza Fragata están los cajones donde encontrás los cabos (izquierda) y rabos (derecha) de los cerillos. Qué cerillos. Fósforos. Arriba y abajo del cuadro están las lijas. No sé si tienen otro nombre pero si tienen está muy errado. Son lijas. Finas lijas que al friccionar con cada uno de esos cuarenta fósforos de madera Fragata provocan fuego. Y con muchos otros también, pero pocos lo intentan. Plaf. Giro la caja. Cuando te enciendas cuidate. Precauciones: mantener fuera del alcance de los niños y en lugar seco. Compañía General de Fósforos Sud Americana Sociedad Anónima. Vencimiento 2014. Estamos en 2015 hoy. PAMS25654, Industria Argentina.

XXVIII. Terra Amoris

La melodía de la percusión era siempre la misma. Equivalía al silencio una vez que te acostumbrabas. Los pasillos eran eternos y zigzagueantes, ni el más complejo de los laberintos alcanzaba lo irracional pero a la vez regido por ciertos patrones de éste oscuro mundo.
Todas las paredes estaban constituidas por un metal frío y opaco e iluminadas con un tenue resplandor blancuzco. A esa débil luz se le sumaba la que provenía de los tubos violáceos, que prácticamente no hacían más que resplandecer los números impresos en el pecho de nuestros mamelucos blancos. Ellos eran todo lo que éramos. Nadie sabía si correspondían al orden de aparición, eran aleatorios o completamente premeditados por los Seres Mayores; como conocíamos a quienes nos mantenían vivos.
Extraña práctica mantenernos vivos siendo que nuestro objetivo en el mundo era morir. Ahora que estoy muerto lo comprendo, es un simple juego que los Seres practican junto a tantos otros.
Mis primeros recuerdos datan de mi inserción al laberinto, apenas si destellos de la iluminada realidad anterior tengo. Éstos últimos no son más que transparentes superficies duras que tocaba con mis manos en medida que mi desnudo cuerpo crecía desde el tamaño de una legumbre hasta lograr un desarrollo apto para el laberinto. Para entonces no conocía la melodía de la percusión, sólo la repetición incesante de las reglas dentro del “mundo real”, que no era más que el mencionado laberinto.
“Tu número es todo lo que sos”. “Tenés que encontrar al otro número que es idéntico al tuyo”. “Sólo entonces pasarás de nivel”.
Las palabras utilizadas daban la pauta de que la vida iba a dividirse en etapas. Sólo ahora muerto puedo tener una visión relativamente clara de lo que se trataba.
Si hay dos números idénticos allá abajo aún no lo sé. Pero de que el juego de los de arriba es ver cómo pasan todos todo su tiempo buscándolo doy fe. Hablo de arribas y abajos porque desde que morí veo las cosas de este modo. Cuando estás allá jamás pensarías en otra cuestión que no sea relativa a alimentarte, dormir y leer números.
Tras cien encuentros con pares fácilmente uno comenzaba a recordar las primeras cincuenta cifras de su pecho, descartando iguales que no concordaban con esas últimas. El procedimiento que se seguía era metódico, y no se contemplaba la idea de comenzar por otro lado que no sea el derecho inferior.
Las historias que alimentaban nuestras mentes eran de individuos que hallaban sus pares, con todas y cada una de las cifras, en esta abarrotada realidad. La simple idea nos llenaba de una alegría enorme, una dicha incomparable con cualquier otra experimentable.
Cabe aclarar que los contrastes eran escasos en este monótono mundo, y que sinónimos o palabras que equivalgan a la mayoría de los términos existentes en el mundo apagado del laberinto fueron añadidos a mi lengua una vez fuera del mismo; y así enriquecieron la traducción de estas memorias.
Sin caer en relatos de vivencias concretas, paso a describir rituales e ideologías comunes a las almas que habitaban este mundo bajo.
Basándome de todas formas en vivencias personales –y por lo tanto generalizando mi cosmovisión a la de todos los individuos vestidos con mameluco blanco–, puedo decir que al principio se es torpe en la cacería de cifras. Uno se emociona cuando unas cuantas centenas coinciden y pierde tiempo al excitarse al respecto. La excitación por las coincidencias no cesa con el tiempo, pero en medida que se avanza en la cantidad de números procesados ésta se hace esperar cada vez más. La percepción del tiempo es también difusa en el laberinto. El dormir es resultado de un cansancio mental, y mentiría muy probablemente si me atreviera a decir cada cuánto tiempo o cuántas veces en una vida se practica esa actividad. No se habla ni de horas ni de años, dado que la alimentación se ubica fragmentadamente en las vidas de los pálidos seres. Tan solo hay hechos pasados, presentes y potenciales.
Tras ganar experiencia en el conteo, hay de los que se atreven a contar más de un número a la vez. Esto lleva a un mayor rango de error, una imprecisión superior. En mi caso, siempre supe que contar de a uno es más efectivo, pero bajo el frenesí y la desesperación no es raro intentarlo todo.
En ocasiones uno se encuentra contándose con otro alma cuando descubre que hay una tercera contándolo a uno mismo, razón por la que pierde cierto porcentaje de atención y los cálculos se vuelven efímeros.
No sé a ciencia cierta, como ya afirmé, si realmente existían o existen números pareja en el inframundo. Sé que contando números con otro alma morí, pero sería muy arriesgado de mi parte aseverar que todas las cifras coincidían. Los amagues previos en otros luminosos pechos ya habían mecanizado el proceso –empresa nada ardua para el mencionado proceder–.
Sí sé a ciencia cierta que es un juego muy divertido de observar y muy ajetreante de participar, pero los saltos y declives que ofrece a quienes lo juegan lo convierte en algo interesantísimo para las emociones.
Puede que los Seres Mayores no ubiquen números pareja. Puede que sólo quieran divertir (se, nos) con el incesante conteo.

XXVII. Ya no es un secreto

Y es que quiera o no vivo para vos
Y quiero
Y pretendo hacerlo valer
Y te vi por primera vez teniendo once añitos
Y escuché tu nombre
Y estabas linda
Y vestida de blanco
Y sonriendo
Y me fui
Y no te pensé
Y supongo que vos tampoco
Y preguntaste por mi nombre
Y te respondí
Y giraste
Y te fuiste
Y Green Day
Y eras vos
Y yo era eso
Y era ese
Y fotolog
Y todos a vos
Y yo
Y te escribí
Y no te conocía
Y vos tampoco
Y nos cruzábamos
Y sabíamos
Y no importaba
Y una rosa
Y bueno, porqué algo tan aislado
Y era un niño
Y pasó
Y crecimos un poco
Y hablamos
Y hablamos más
Y vos sabías
Y yo sentía
Y arte
Y sociedad
Y filosofía
Y vida
Y nosotros
Y tu nombre
Y el mío
Y me escribiste
Y histeria
Y del orto
Y si, pero me gusta
Y amor
Y más amor
Y amistad
Y miedo
Y prudencia
Y ambas cosas
Y una
Y fin
Y medios
Y hoy
Y señal
Y espera
Y mucho amor
Y vida
Juntos.

XXVI. La afinidad

1
Desde el boulevard se escuchó
la colisión de frontales
e incluso también
de iris y pupilas.

2
Chocaron entonces
dos mentes traslúcidas
dejando pasar ideas
ebrias y profundas.

3
Simbiótica y semántica (la mente)
arrasó con lo previo,
se tragó catastrófica (mente)
lo que los sentidos fumaban.

Lenguas por leguas
vomitaron lo ideado
a lo viento en contramano
y el tornado removió
una canción que jamás se había cantado.

Esos cráneos fundidos
se ataban con aliento
danzando un "cómo siento"
por el tórax aclamado.

4
Y es entonces que los labios
simplemente se acercaron
imitando dos paredes
elevadas en dos planos.

5
Tal vez todos los crujidos
algún día se apacigüen
con el derrumbe unísono
de uno de los pilares.

Besaríanse imprevistamente (las mentes)
así como se besan a veces
ciertas gotas
ciertas veces.

6*
Pues en Santa Fe aturdiría
el gemir y los clamores
de dos cuerpos que de unirse
una vez han concluído.

A los pies llamará el deber
la sincronía, la empatía
y podrán recorrer juntos
lo que les queda de vida.

*no concuerda con el resto del poema.

XXV. Carta de Lourdes

Hola amigo, compañero, ando con ganas de expresarte un par de cosas por escrito; un par de cosas incoherentes, en términos ortográficos y gramáticos, pero así, sin ajustarse a ninguna regla de la lengua, es como mejor puedo describirlo. Está sobreentendido que conocés (casi) todas mis maneras y aunque me rebusque o te rebusques en volverte interesante, no hay naturaleza más indescriptible (o inexplicable) que le nuestra, y a pesar de nuestros modos que ya sabemos de memoria, en el fondo, en nuestro todo (escencia) escondemos lo mejor. Esa cosa tan implícita que se ve con ciertos ojos, con cierta pureza en el estado más desequilibrado.
Lo que estás leyendo no surgió como una idea, sino como un torbellino de mensajes a modo de litografía (ah, se hacía la Borges): mentira, a modo de matrix, así, con letras descendiendo, y caían frases con tu nombre y de eso estoy segura.
Probablemente tenga que ver con algo que siempre espero de vos y no te digo, es que en realidad no sé muy bien qué es. Suelo pensar que sos de otra manera, y cuando me das pruebas de lo contrario me enfermo, me siento sola y frustrada de perder una y mil veces a mi "compañero de camino". Tiempo después volvés y tu discurso es tan convincente que desdibuja mi enojo y me hace creer que siempre hay más, que puedo esperar algo de vos, más que esa amistad fría a la que estoy acostumbrada con los demás. Ojo... no me malinterpretes, me da, por situaciones anteriores, cierto "pudor" hablar de ciertas cosas con vos y ser tan... transparente.
Siempre tuve miedo de que pienses que todo el cariño que te tengo pasa por otro lado, porque sería una histérica de orto en caso de ser así, ¿no? Bueno pero lo que yo siempre adoré en vos es tu amistad, como amigo no se si tanto, pero si como persona, realmente que existen las almas gemelas y no necesariamente estén relacionadas con el amor conyugal.
Mirá, por más fría que parezca soy una persona muy sensible y si me faltaras, realmente sería una pérdida muy grande. Por más que yo espere siempre algo de vos que nunca llega, considero que sos como algo que me completa, formas parte de mí.
Se esta volviendo re cursi esto, y ya está perdiendo valor lo importante. La hora pasa más rápido que nunca y en una hora y media llegás a casa. Quiero que valores que este texto y es fácilmente reconocible que lo hice "sin filtro" porque no borré 250 veces...
Gracias por ser siempre mi "respiro"... te agradezco por todo este tiempo juntos.
Lo que más espero es que aparte de seguir, simplemente "viéndonos" a lo largo de la vida podamos más que nada seguir "descubriéndonos", "sorprendiéndonos", "compartiendo" lo que tenemos en común y sobre todo "creciendo" juntos, como bien hicimos hasta ahora.
Y si tu amiga androide te cuenta que su psiquis le grita que te explote una carta, aceptala, ella va a entenderte si querés volver a la superficie con las demás manos. Quizá ella sólo quiera volverse inolvidable, intolerable, interminable. Quizá por eso somos interminables.

Posdata: Sólo sobrevivirá el más apto.

Con amor,
Lola.