XVII. Palabras de un supuesto hombre enamorado

De tener que escribir de vos (no tengo porqué), lo haría incesantemente, insaciable sería tu descripción, inalcanzable una roñosa aproximación a la inmensidad de tu persona. Ay, mi nena, si supieras cómo baila mi corazón cuando te tengo cerca, listo yo para un beso pero inseguro de si vos también. Es que no hay trozo de carne en mí no entregado a vos. Juego con mi cabeza, desentrañando ideas que se forman; incluyen disimulo de ambas partes, indecisión, hijos, muertes. Ay, mi nena, con cuánto amor nos asesinaría. Con cuanto amor te embarazaría y eternizaría tu mirada en una gurrumina, que salte y se ensucie la geta con tierra. La sangre en mis venas gana presión al plasmar estas letras, imaginate lo fuerte que es lo interno y lo débil lo externo. Ojalá fuera esto solo cuestión de hacernos hijos, ojalá fuera sólo cuestión de matarnos al envejecer; ojalá no incluyese todo esto que circunda al amor. Amor solito es apelable, eludible, reprimible... Mentira. Pero hay más, hay dos cabezas que se entienden con sus ojos y sus bocas, hay cuatro oídos que se mezclan y derrocan, ¡hay hasta narices olfateando los perfumes parisinos taiwanenses y asesinos de hormonas!
Ay, mi nena si supieras. Si supieras que sabés e ignorás mucho de esto y de todo lo que no se escribe. Si supieras lo adolescentes que somos.